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El Concurso Nacional de Relato Interpretatio se realiza todos los años. Su objetivo general es incentivar la escritura y creatividad de jóvenes escritores. Es impulsado por el Colegio Ciencias Sociales y Humanidades de la USFQ, quien otorga al ganador una beca completa de estudios en cualquiera de las especialidades del Colegio mencionado.

Cada año en el mes de febrero se publica en la prensa nacional un recordatorio del Concurso para que los estudiantes de los sextos cursos de colegio empiecen a preparar su relato, que deberán entregar a fines de mayo.
Es recomendable tomar el examen de admisión a la universidad hasta el mes de abril.

El jurado calificador está integrado por diversos profesores de la universidad, cada año se cuenta con un grupo diferente de profesionales del ramo. 

Si deseas más información puedes contactar con Ruth Rodríguez Serrano a la dirección: rrodriguez@usfq.edu.ec


¡Anímate a participar! Ser parte de la USFQ es una oportunidad única y realmente maravillosa!



Jorge Dávila Vázquez

Premio Eugenio Espejo 2016


POEMA 3
(de Peregrino en la noche, 2000)




Sentados en el alto umbral
de la cocina
de esa gran casa de campo
escuchábamos
los cuentos
de miedo
de la tía Rosita.
En el humo del tiempo
que no tiene límites
hay todavía
como un escalofrío
cuando cruzan los miedos
por la voz misteriosa
de la tía
muerta hace tantos años




Botánico

Por: Ramiro Figueroa
Unidad Educativa Ángel Polibio Cháves.


Las lilas aguardaban con un olor dulzón que precipitaba los sentidos y acaecían en el vago recuerdo de quienes creíamos haber olvidado. Era ella quien las portaba: la señorita Guichardiere; poseedora de géneros botánicos como jazmines, hibiscos, camelias, rosas, girasoles, tanto como de un instinto olfativo conmovedor e inquietante; uno con el que imperceptiblemente colocaba, casi como espinas nacientes, imágenes balsámicas y de una sublimidad tal, que se confundían en nuestra memoria como olores deslumbrantes, luego recuerdos que insertados una vez en ella, no habrían de salir fácilmente.
Al salir de la casa del río nos encontramos con una especie de paraguas invertido, con telas de pared ahuecadas, líneas decorativas temblorosas por el vaivén que provocaban las aguas y, aunque ocupada por muchos de nosotros, ferozmente desamparada, apuramos el paso. En medio de ese instante de tierra firme, podíamos sabernos en el momento único para divisar los colores de naturaleza opaca que las posesiones de la señorita Guichardiere ofrecían. Sin embargo, nuestros sentidos a la mañana vivían amilanados, poco hacían por despertar un ademán de ansia y por enlazarse con los encuentros botánicos, de los que la señorita Guichardiere quería, irremediablemente, hacernos sentir parte. Parecíamos estar siempre eludiendo nuestra dirección, la que nos habían trazado de ante-mano.
Su nombre -apenas pronunciado- hacía que se avivara en nosotros una incesante pulsión por desdibujar su fisionomía (tan atrayente como misteriosa). Quizá descifrar una fórmula para conectar su nombre y lo que podíamos haber figurado como su rostro hubiese bastado. Pero las combinaciones eran extrañas e inexactas. A veces, la señorita Guichardiere nos parecía un animal aterciopelado, engendradora inagotable de plantas herbáceas. Otras, como un vehículo transoceánico que recorría los límites del mundo para irradiarlo con los olores de la inclinación más enigmática. Y finalmente, como una simple anciana de cabellos tristes, con un color gris que la teñía a ella y a su alma. Quizá la última fuese la tentativa más cercana a esa verdad mezquina.
Por la tonalidad sombría que después tomó el pueblo (no por su olor, ni mucho menos), supimos que una suerte de magia crepuscular nos alentaba a formar parte de lo que ella, a través de las distancias y las atmósferas, nos proponía. Las calles manaban un olor a capullos calcinados, las aceras se entintaban de carbón y el humo ocupaba ya gran parte del opaco ambiente en el que respirábamos; quemaba los ojos y nuestro pequeño par de cavidades.
Quizá recordábamos tan vagamente a la señorita Guichardiere, que sus señales -a más de intensificarse de forma vehemente- nos eran esquivas, pero al mismo tiempo irremediablemente necesarias. Decidimos, entonces, visitarla a la madrugada siguiente. Nos preguntábamos cuántos habían llegado hasta su puerta y plasmado ese momento como uno del cual enorgullecerse; aunque ahora, recordarla u olvidarla se habría convertido casi en la misma cosa. Aun así, su recuerdo era el más necesario de todos, ya nos lo habían dicho: de nosotros, sólo se esperaba una verdad nada entreverada.
La lluvia permitió que nos escondiéramos. Su morada consistía en un jardín botánico de proporciones inigualables; el más opulento vergel del pueblo, donde residían a un costado todas las especies de plantas y animales, plantas que eran animales, animales que eran plantas al mismo tiempo, animales dúctiles, plantas dóciles, y aunque el vívido follaje cubría por instantes su real fachada, un ambiente lúgubre hacía apagar el alma.
Tocamos la puerta con nuestros nudillos nerviosos y como de goma, cuando se acercó por otra de menor tamaño que daba al costado. Tenía el color de la intriga, su tono cambiaba repentinamente y sus palabras parecían estar recubiertas de un misterio casi indescifrable.
-Es algo parecido a la muerte -dijo con voz trémula, como advirtiéndonos-.
-Esperamos ser a quien pueda asentir por vez primera. Queremos recordar -susurramos al unísono-.
-Ya no torturo de ese modo, niños -dijo convencida-.
-Todos lo han querido así, a pesar de las circunstancias, a nuestra vuelta esperan entusiasmados -dijimos con recelo-.
-Si el pueblo se percata -se precipitó- corremos por las calles, como la ceniza de ayer.
-Sería justo que podamos hacer recordar al pueblo.
Tomándonos de la mano, como hojas pendidas a la rama de un árbol, pareció haber aceptado nuestra petición (que se asemejaba más a una suerte de destino ya trazado por ese pueblo de cenizas) y caminamos junto a los hibiscos, abrimos paso hacia el jardín y advertimos una de las lilas (de las que ya no quedaban muchas) como las de la incineración pasada. Era una mujer cordial, sin duda. Pero sus gestos, como deprimidos y tercos, receptaban un sentido insufrible, como si cada vez algo entrara de repente en su espíritu.
La señorita Guichardiere trajo entonces una copa vacía, de la que parecía salir una especie de humo lactescente que de forma inmediata armonizó los olores. Su tizne recubrió los caminos y las atmósferas. Su aroma azucarado y delirante animó las hojas pendidas, las casas temblorosas, las contemplaciones vanas del olfato, las flores de engañosa lozanía, nuestros recuerdos por fragancias, y por sobre todo, a la memoriosa -y recolectora- señorita Guichardiere; que después, cuando se nos acercó, hizo invadir en nosotros una sensación cálida y próxima, y entre todas las demás evocaciones, adivinamos una sombra crepuscular que se hundía, se hundía en nuestro corazón.


“No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, nos dice Mario, pero cuando la lluvia cae sobre el botánico aquí se quedan sólo los fantasmas. Ustedes pueden irse. Yo me quedo.”

Ramiro Figueroa, premio Interpretatio 2014

Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades
Acta del fallo del jurado del Concurso de Relato Interpretatio 2014

En la ciudad de Quito, el día lunes 2 de junio de 2014, se llevó a cabo la reunión del jurado para el  Concurso de relato Interpretatio 2014, convocado por el Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad San Francisco de Quito. La reunión tuvo lugar en el Decanato del  Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades, con la presencia de su decana, Carmen María Fernandez-Salvador, y representantes del jurado que estuvo  integrado por Carlos Freile, Cristina Burneo, Gabriela Rota, Iván Ulchur, Christopher Minster y Ruth Rodríguez, profesores de la USFQ.  El jurado falló a favor del  cuento  “Botánico” enviado con el pseudónimo  "Elías Gamoneda", cuyo autor es Ramiro Xavier Figueroa García, alumno del  tercer año de bachillerato de la Unidad Educativa Ángel Polibio Cháves.

El jurado decidió otorgar el primer puesto,  considerando que el cuento ganador:
1.    Se inscribe dentro de la calificación de historia de interpretación literaria, ya que se ajusta al estilo y argumento del poema base del concurso, Poema 8,del poeta ecuatoriano Jorge Dávila Vázquez.
2.    Posee cualidades de originalidad y honradez, posee estilo propio con tintes poéticos que vuelven el tema sugerente.
3.    El manejo de la idea central subyace al interior del relato de forma que produce la atención y curiosidad de lector.
4.    Posee un lenguaje exquisito y envolvente, así como un estilo breve y sugestivo.
5.   Posee un cierre interesante que otorga coherencia, destacándose por su ingeniosidad.
6. La extrañeza en el manejo del lenguaje y figuras literarias hacen del texto algo muy original.


De acuerdo a la cláusula 6 de las bases establecidas para el presente concurso, el jurado concede el primer premio de una beca completa para una carrera de pregrado en Artes Liberales o un área afín.

Para constancia subscriben,

Carmen María Fernández- Salvador.  
Cristina Burneo
Christopher Minster
Gabriela Rota
Iván Ulchur

Ruth Rodríguez